La época de premiaciones cinematográficas suele estar acompañada de escándalos, desde productores nominados enviando cartas a los jurados pidiendo que gane la competencia[1], anuncios del ganador incorrecto[2] y hasta anfitriones recibiendo bofetadas por parte de los invitados[3]. Tampoco es nuevo que algunas de las películas nominadas a los premios más prestigiosos del cine sean controversiales por ser insensibles — y hasta irrespetuosas — respecto de temáticas sociales complejas. Lo que sí es nuevo, al menos hasta donde sé, es que una de estas controversias resulte en la creación de un nuevo género cinematográfico.

Todo empieza con Emilia Pérez (2024), un musical cuya historia sigue a Juan “Manitas” Del Monte (Karla Sofía Gascón), líder de un cártel mexicano que abandona su vida de delincuencia para vivir auténticamente como mujer. Consigue la ayuda de Rita Mora Castro (Zoe Saldaña), una abogada de Ciudad de México, para facilitar su transición y desaparición. Tras someterse a una operación quirúrgica, Manitas reaparece como Emilia Pérez. Años más tarde, Emilia intenta reencontrarse con su familia, lo que da lugar a una serie de acontecimientos que pretenden explorar temas como la identidad, la redención y las complejidades de la transformación personal. Ahora, no entraré ahora a hablar sobre si en su ejecución estos temas son bien abordados o no, pues no se trata de una crítica a Emilia Pérez, aunque sería fácil hacerla.

Las (varias) controversias de Emilia Pérez

Esta película, dirigida por el francés Jacques Audiard, ha estado rodeada de controversias tanto dentro como fuera de la misma, desde críticas a la mala pronunciación del español de algunos personajes, pésimas traducciones del guion (que originalmente no fue escrito en español y se nota), tweets ofensivos hechos por Karla Sofía Gascón en los últimos años y declaraciones polémicas del mismo Audiard, como cuando afirmó que el español es una “lengua de países modestos, en desarrollo, de pobres y migrantes” o cuando admitió no haber sentido necesario investigar a fondo la historia de México para entender la guerra contra el narcotráfico que lo aflige, ya que “confiaba en saber lo suficiente para los fines de su narración”.

Pese a esto, Emilia Pérez ha sido nominada, ante la sorpresa de muchos, a diversos premios tanto en los Globos de Oro como en los Critics’ Choice Awards y los Óscar, echándole más leña al fuego de las inconformidades que el público, entendiblemente, tiene con el film.

Película Con Sin Sello de Garantía Cinépolis

El rechazo en México por Emilia Pérez incluso llevó a otra controversia más alrededor de esta película, ya que Cinépolis cuenta con un sello de garantía que promete el reembolso de la boletería ante el descontento de la audiencia. Sin embargo, cuando espectadores insatisfechos con la película solicitaron reembolsos, esta les fue negada.

Ante las quejas de los consumidores, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) intervino, solicitando a Cinépolis que modificara el término «garantía» por «recomendación» para evitar confusiones.

¿Nace el cine de venganza?

Entre las tantas personas que se han considerado personalmente ofendidas por Emilia Pérez, se encuentra Camila Aurora, una creadora de contenidos y activista trans mexicana. Con el fin de “desquitarse” contra la película francesa, Aurora y otros activistas crearon un cortometraje de parodia titulado “Johanne Sacreblue”, que se estrenó en YouTube y, a hoy, cuenta con casi 3 millones de vistas.

Este cortometraje de bajo presupuesto, realizado en un estilo que evoca los vídeos parodia que inundaron YouTube a inicios de los 2000, se rodó en las calles de Ciudad de México con intérpretes mexicanos que fingen acentos franceses y visten atuendos estereotipados (i.e. camisas a rayas y boinas). La intención detrás de esto fue mostrar lo absurdo que resulta pretender realizar una historia que, como Emilia Pérez, no es ni grabada en el país donde se supone que se desarrolla, ni cuenta con actores que hablen la lengua o conozcan la cultura que representan, ni sea escrita por alguien que se tomara el tiempo de investigar las temáticas que pretendía explorar.

Si bien ni el cine de parodia ni el entretenimiento como forma de activismo son conceptos nuevos, lo que sí resulta fresco e innovador de Johanne Sacreblue y el proyecto de Aurora es noción del cine como un acto de venganza hacia aquellos que, por años, han asumido con arrogancia e irrespeto las representaciones de otras culturas a las que subestiman.

Johanne Sacreblue no solo ha tenido éxito en YouTube, pues se ha hablado incluso de la posibilidad de que se estrene en salas de cine en el territorio mexicano, lo cual sería una gran victoria para Aurora y para el movimiento que inició con este corto. Es, incluso, muy interesante ver cómo se le abren las puertas a este cortometraje, mientras que Emilia Pérez ha tenido proyecciones con sillas vacías en México y, como se mencionó anteriormente, reclamos por reembolso de la boletería.

Para muchos, sugerir que Johanne Sacreblue puede ser el primer dominó que inicie un nuevo movimiento cinematográfico de activismo moderno, puede resultar absurdo. Sin embargo, esto no solo ignoraría los muchos otros géneros que han nacido del activismo y se han popularizado rápidamente, como el cine militante de los 60s y 70s, el cine documental de denuncia, el cine queer, el cine feminista, el cine ambientalista, el cine de justicia social y el cine anticolonialista. De alguna manera, podría decirse que Johanne Sacreblue entra no solo dentro del género de la parodia, sino también del cine anticolonialista, pues es precisamente la mirada colonial que evidentemente prevalió la intención de Audiard con Emilia Pérez.

Aunque no es posible saber si Johanne Sacreblue será apenas un hito memorable en la historia del cine o si se convertirá realmente en el primer dominó que dará inicio al cine de venganza, no se debe descartar que son miles de millones las personas que han visto cómo en cine producido en el norte global suelen mirar con desdén y menosprecio a los países del sur global, para mostrarlos con irrespeto y mediocridad. Y estas miles de millones de personas podrían convertirse en las más fieles audiencias del cine de venganza.

Por Paula Bateman


[1] En 2010, un productor de The Hurt Locker (Zona de miedo) fue sorprendido enviando correos electrónicos a miembros de la Academia, instándoles a votar en contra de Avatar.

[2] En 2017, Warren Beatty y Faye Dunaway se equivocaron de sobre al anunciar La La Land como ganadora a la Mejor Película. El error solo se corrigió a mitad del discurso de aceptación, cuando se reveló que Moonlight era la verdadera ganadora.

[3] En 2022, Will Smith abofeteó a Chris Rock en el escenario después de que éste hiciera un chiste sobre su esposa, Jada Pinkett Smith.

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